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viernes, 14 de mayo de 2010

Calor

sábado 27 de febrero de 2010

Salí de su casa como a las diez de la noche, todavía había claridad en el cielo aunque la noche estaba a punto de caer. Era una de esas noches de verano sofocantes, de las pocas que recuerdo de aquella estación. La temperatura se hacía más llevadera por el soplo de una suave brisa. Me encontraba demasiado agitada para volver a mi casa y como no me esperaba nadie decidí caminar. Anduve no sé por cuánto tiempo sin rumbo. Recorrí toda la zona en expansión de la ciudad hasta llegar a la orilla del río. Y continué andando pareja a éste, primero por una zona urbanizada, más tarde por un camino sin asfalto, avancé por una senda cada vez más estrecha y accidentada. Iba absorta en mis pensamientos sin percatarme de que hacía tiempo que me encontraba rodeada de oscuridad. Necesitaba cansarme y el paseo no era suficiente, comencé a correr. Corrí todo lo que era capaz, hasta quedarme sin aliento. En el momento en que comencé a sentirme mareada, paré. Busqué en las llamadas de mi teléfono y pulsé el botón con su nombre. Le dije que no debía haberme marchado, que me preparara un baño caliente, que cuando supiera dónde estaba y cómo volver, lo haría a su casa y no a la mía.

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