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viernes, 18 de junio de 2010

Nada bien

Salgo a la calle y aunque el día es precioso, no me contagio de su alegría.
Voy caminando a mi trabajo, que es más que aceptable; relacionado con mi formación, bien remunerado, con un horario cómodo y en el que tengo cierto mando. Pero no me siento satisfecha con él, no celebro ese privilegio.
Mi hija es una adolescente magnífica, con una personalidad arrolladora, buena estudiante y promete ser una mujer atractiva y responsable.
Mi marido es un buen hombre y me quiere.
Mi casa, en un buen barrio residencial, es amplia y acogedora .
Mis amigas me aprecian, y quedamos de vez en cuando. Tengo una vida social satisfactoria e integrada.
Pues no me encuentro bien.
Estoy irritable, nerviosa, cansada, y no tengo idea de qué es lo que me pasa. Y no sé qué me exaspera más, si el hecho de no encontrarme bien o que nadie parezca entenderlo.

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