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martes, 13 de abril de 2010

Su fe

miércoles 4 de noviembre de 2009

Estuve bastantes años siendo monitor de campamentos. Era otra forma de tener vacaciones y aunque se trabajaba mucho, me servía para estar con mis amigos, ponerme en forma y ganar además algo de dinero en mi época de estudiante.Las veladas contando historias en el fuego cuando los niños dormían, o las fiestas con la guitarra de fondo, quedarán para siempre en mi memoria.Uno de los veranos coincidí con Marta de compañera, al contrario que nosotros no tenía mucha experiencia y no pertenecía a nuestro círculo de amistades. Llegó sola con su mochila y su guitarra una semana antes de que empezara la temporada y enseguida se hizo un hueco entre nosotros. Nadie la esperaba con los brazos abiertos, pero supo ganarse nuestro respeto trabajando y demostrando su valía como persona. Era simpática y muy sociable, los niños la tenían bastante aprecio y yo también se lo tomé.Una noche, cuando los niños dormían ya, nos alejamos un poco del fuego y de los demás ,que como siempre estaban haciendo el ganso.Empezamos a charlar de nuestra vida y al rato Marta me preguntó si era creyente. Me sorprendió mucho la pregunta y contesté la verdad; que no era practicante pero sí creía en Dios.Ella me contó que creía en la comunión de las personas, que Dios era esa sensación que oprime en el estómago cuando estás con alguien que comparte algo contigo que te llena. Ese estado mágico que lo mismo se da entre dos en una cama, que en el silencio de una Iglesia, o en un concierto cuando todos alcanzan un nivel de complicidad tal que sólo hay un alma.Ese era el Dios de Marta, y me gustó tanto como ella. No volvió mas veranos de campamentos, y aunque hemos vuelto a vernos algún día, no volvimos a comulgar juntos desde aquella noche. Jamás intenté rozarla siquiera

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