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jueves, 15 de abril de 2010

Aúpa la paya

miércoles 11 de noviembre de 2009

Mi trabajo, entre otras cosas consiste en leer los contadores de agua de mi ciudad. Estos aparatos, en las casas modernas están centralizados en cuartos en los portales. En las antiguas suelen estar en las cocinas o en los baños. Pero en tres años creía haber visto ya de todo, (tras espejos, en dormitorios, en armarios roperos...) hasta que hará medio año me tocó una ruta de la Parte Vieja.
Las casas rondan los 100 años y obviamente se construyeron sin distribución de red de agua potable. Las tuberías entraron en ellas por donde Dios les dio a entender.Entré en un portal de una casa de tres alturas.
En el primero no vivía nadie así que seguí subiendo por la escalera sin luz y llamé a las puertas del segundo derecha e izquierda. La puerta del derecha se abrió tímidamente y una figura pequeña, oscura me dijo:
- Ahhhhhh
- Vengo a leer el contador del agua
- Ahhhhhhhh ...contador
- Sí ,el contador.
Viendo que la sombra, aparentemente femenina no estaba de mente presente sino de viaje psicodélico, y no entendía nada, me centré en la mano izquierda.Una gitana esta vez también sin luz me abrió la puerta. Para leer el contador, dije y con malos aires me hizo pasar. Yo muy educadamente pregunté que dónde estaba pues era nueva en la ruta y lo desconocía.
- ¿En la cocina o en el baño?,La gitana ya muy contrariada me decía, ahí señalando vagamente con la mano hacia la nada de un pasillo largo y oscuro.
- ¿Pero dónde?
- ¡Ahí joder!. Niñaaaa da la luz
.- Ya la he dado pero no funcionaaa. (Gritó la hija)
Por fin una tercera persona abrió una puerta de un dormitorio y se hizo la luz
.- Ahí coño, ¿es que eres tonta?
Y ahí estaba, a tres metros del suelo, en medio del pasillo, y mirando al techo, mi contador.Yo mido metro y medio mal medido, y ni alargando el brazo, ni con mi espejo podía ver su lectura. La gitana estaba ya muy enfadada y me miraba mal desde una cuarta por encima de mi cabeza. Solicité una silla o escalera y me gritó una vez más para decirme que en su casa no había sillas ni taburetes, sólo los sillones del salón.Por fin salió el patriarca y preguntó que qué era ese jaleo. La paya, que no llega, contestó la madre.
Y tuvo la idea del siglo, !Antoniooo aúpa a la paya!, por supuesto di un paso atrás antes de que pudiera tocarme. Y finalmente él leyó su contador y me dijo la lectura que anoté con celeridad, con ganas infinitas de salir de aquella casa.
Cuando se cerró la puerta, allí seguía la vecina del segundo derecha a oscuras en la puerta pensando en el contador. No se preocupe, dije, ya vendré otro día. Y salí corriendo del edificio para ver el sol y respirar la tranquilidad de un trabajo bien hecho.
Al día siguiente lo conté en la oficina y todavía dura el cachondeo, !aupá la paya!, me dicen cuando no alcanzo algo.

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