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jueves, 21 de octubre de 2010

Javier Alvarez - De aqui a la eternidad

Vivía atormentada en su casa, el cansancio hacía tiempo que había hecho mella en su carácter. La expresión agria en su cara lo decía todo por ella. Nadie osaba dirigirle la palabra, seguramente por la certeza de quedaría en el aire, sin respuesta. Caminaba a buen paso por las calles y salía lo justo para las cosas innecesarias, estrictamente necesarias: el pan, algo de carne, huevos, algunas verduras y sus recetas. Ya sabía cual era su suerte, estaba echada. Al fin cumplía uno de sus deseos, sabía la fecha de su muerte. Cuando la vida se empeña en mostrar su cara más amarga durante tanto tiempo, siempre deja huella.

Nada quedaba de Águeda que sus amigos o parientes de antaño hubieran podido reconocer en el presente. Nada de aquella mujer alegre y luchadora, que encendía las sonrisas con la suya.No pudo con ella el fallecimiento de su marido, ni el trabajo arduo que supuso la cría de sus hijos. Pudo con ella el desánimo de contemplar que su obra había sido estéril. Tanto esfuerzo baldío.

Cuando la vida se empeña en mostrar su cara más amarga, siempre deja huella.

7 comentarios:

  1. Un texto muy triste, pero real como la misma vida. Leyéndote se ma han venido a la mente algunas personas, especialmente una, con una historia gemela, que bien podría haber sido Águeda.
    A veces te encuentras relatos que, con pocas palabras, evocan mucho, como éste.
    Un abrazo.

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  2. Qué triste... La Lucha nunca debería ser infructuosa. Nadie debería medirse por el Patrón de los demás... La Lucha sirve, básicamente, para realizarse uno mismo, al margen del Valor que te den los Hijos, los Amigos... Desagradecidos.

    P.D.: Acabo de descubrir que tienes tu propio espacio, Nines... Como parece ser que "Buscando la Belleza" ha encontrado su "Muerte en Venecia", o donde sea, ya te echaba de menos.

    Un Beso, Guapa... Te sigo.

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  3. Mercedes, escribí esta entrada pensando en lo que no quiero llegar a ser.
    J. Lorente, un placer tenerte por aquí. Como ves, de mudanza.

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  4. Pobre mujer, qué pena...

    De ser alegre y luchadora, a dejarse morir. A veces la vida es muy desagradecida e injusta.

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  5. A veces las heridas parecen imborrables, pero yo estoy segura de que casi siempre puede jhaber una salida, aunque no sea lo más deseado.

    Seguimos querida tocaya. Un beso Á.

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  6. Si da pena, si. Tanta lucha para nada. Hay personas que vienen a este mundo a sufrir. No es justo.

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  7. Lo único que podemos elegir en esta vida es la posición que tomamos ante lo que nos pasa.

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