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viernes, 1 de octubre de 2010

250 euros


No hace mucho que la conozco, es una chica joven, rubia, gordita, que cecea; no sé si por la ortodoncia que no tuvo a tiempo, o porque ha nacido en esa España tan lejana que es Ceuta.Nos vemos casi todos los días, porque me suelo esconder a tomar café en el bar en el que trabaja. No es glamuroso, ni moderno, pero me encuentro como en casa y siempre vuelvo. No sé cómo es el café porque lo tomo descafeinado y al final suele ser el mismo en todos los bares. Pero cada mañana encuentro una sonrisa cuando llego y una frase de ánimo cuando marcho.Entra a trabajar una hora antes que yo y sale una más tarde, trabaja siete días a la semana, y gana la mitad que yo, y yo no gano mucho.
Tiene dos niños pequeños como de tres años y se los cuida su madre mientras trabaja. En su casa viven con ella, su madre, sus dos hermanos (también pequeños) y su dos hijos. Sólo trabaja ella y viven en una casa de alquiler grande, pero destartalada, en un buen barrio.
Algunas veces estamos solas en el bar y charlamos de nuestras miserias. No diría que somos amigas, pero hay algo de complicidad entre nosotras y sin saber a qué se debe nos empuja a contarnos nuestras cosas. Supongo que somos dos mujeres con dos niños, que sabemos lo que atenernos.
Alguna vez me ha contado cosas de su pareja, de origen mauritano , que vive en Argelia, y sé que es el padre de su hija pequeña, del padre del mayor está divorciada. Ella sabe del hombre que me quita el sueño.
Hoy como de costumbre, me he tomado un café allí, y de repente se ha puesto a llorar.Me ha dicho impotente, que su pareja no podía volver a España porque no tenía dinero, y ella tiene lo justo para vivir. No sé las veces que he podido preguntarla si estaba segura de querer tenerlo aquí, de si estaba segura de él, de si sabía de qué iba a vivir. De si la vería la semana que viene con un ojo morado, o tirada como hasta ahora. La he visto tan enamorada que la he ofrecido dinero para el viaje. Tampoco sé las veces que me ha jurado devolvérmelo, un poco cada semana.
No sé si dormiré hoy, y no por los 250 euros que doy por perdidos, ni si como me dice siempre un amigo soy un mirlo blanco y se los gaste en otra cosa. Esta noche no dormiré porque no sé si la estoy ayudando o haciéndola una desgraciada. Espero no leer nuestra historia en una página de sucesos.
Mañana estaré allí con el dinero.

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