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lunes, 24 de enero de 2011

Tengo una muñeca

Tengo una muñeca que no viste de azul, ni de rosa.
Tengo una muñeca que viste de gris y negro.
De fábrica viene con una sonrisa amable dibujada en su cara, con unos labios rosas indefinidos.
Tiene el pelo moreno y rizado, y no ha vuelto a estar peinada desde que la desembalamos de su caja; su pelo tiende irremisíblemente al caos.
Mi muñeca tiene un cuerpo normal, no es mi gorda ni flaca; no es voluptuosa en absoluto.
Su piel es blanca y lisa. Es una muñeca antigua y parece más una madre que otra cosa.
El fabricante en su momento la diseñó con una grabación de un llanto cansino. Pero no funciona bien, no encuentro el botón que provoca su llanto.
A veces sin saber porqué comienza a llorar y no se cómo pararla.

4 comentarios:

  1. Todas somos un poco como tu muñeca. Ya me gustaría a mí saber dónde está mi botón.
    Un abrazo.

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  2. Y a mí el mío, gracias por la visita

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  3. Extraño juguete con aspeto de madre lamentosa.
    ¿has probado a quitarle la pilas? aunque si es antigua quizás esconda en la barriguita una especie de fuelle responsable del gemido.

    Besos antimuñequita de Á.

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  4. Jajajaja cómo eres Ángeles, yo tuve una especie de Nancy que se daba ese aire, ahora le quito las pilas, qué pesada la tía.

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