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jueves, 12 de agosto de 2010

Plastilina


Después de tanto tiempo ya sé de qué estoy hecha.
Tengo un cuerpo flexible por naturaleza, mis tendones son laxos por pura genética. Jamás hice nada para ejercitarlos. Mis dedos pueden adoptar posiciones inverosímiles para el resto, puedo desencajar mis hombros, y mi columna sigue doblándose con facilidad, consigo que mis piernas se coloquen sobre mis hombros, y puedo pasar horas sentada sobre mis rodillas o coger cosas con los dedos de los pies.
Estas facultades resultan de bastante utilidad en mi vida cotidiana, para pequeñas cosas, hacerme un ovillo, o pasar por cualquier agujero, moverme con soltura.
Pero he descubierto que no sólo mi cuerpo es flexible, mi mente lo es tanto o más.
Soy de arcilla sin cocer. Puedo adaptarme a casi todo, soy maleable como estaño, me ajusto a cualquier molde. Y ésto lo hago sin violencia ninguna, sin sufrimiento, con alegría, con vocación.
Soy, por naturaleza, de goma; tanto física como mentalmente, y nada hace pensar que de momento vaya a cambiar (senectudes aparte).

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