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viernes, 27 de agosto de 2010

Dolor

Soy un hombre de mediana edad, y con cierto sobrepeso, de vida sedentaria en mi despacho, fumo, bebo y como con alegría los manjares que me ofrece la vida. Y he pasado a cumplir la estadística, ayer me colocaron mi marcapasos de último modelo. Ya sé que resulta patético, pero ahora viendo el tremendo parche que luce mi pecho, sólo puedo pensar en una cosa. Tarde o temprano tendrán que quitármelo. Mi pecho rasurado para la intervención habrá dejado de serlo para entonces. Algún auxiliar vendrá a mi habitación del hospital para hacerme una cura. No puedo pensar en otra cosa, veo mi bello crecer, lo oigo. Cuando semejante fatalidad ocurra me va a doler, y mucho.
Pues bien, he recreado la escena y tengo una curiosidad malsana. ¿Cómo procederá al levantamiento? Tirará sutilmente de mi vendaje o lo hará del tirón sin contemplaciones.Ya lo he decidido, cuando llegue, diré expresamente que por favor, proceda de forma radical y contundente. Que a mí las medias tintas no me van, que soporto mejor el dolor intenso pero conciso que la agonía alargándose en el tiempo.

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