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viernes, 4 de marzo de 2011

Una beata

Hubo un tiempo en el que hacía cosas, tenía inquietudes y los que me rodeaban también.
Teníamos tiempo, todo el tiempo del mundo; y muchas ganas.
Tenía un amigo que llevaba tanto tiempo estudiando arquitectura que pensábamos que nunca acabaría de estudiar. Tampoco acertamos, hoy es un señor arquitecto a punto de tener su segundo hijo.
 Le dio la vena creativa una primavera y decidió que íbamos a hacer un corto. El protagonista, D. Juan, y yo una beata que sucumbiría a sus encantos.
Rodábamos en cine mudo, así que todo debía de ser muy explícito.
Cada uno preparaba su vestuario y maquillaje en su casa. El plano que me tocaba se rodaría en El Palacio de Santa Cruz, en el patio. Los ocres del claustro acompañaban a mi blusa de encaje y cuello alto, abotonada en la espalda, y a mi falda recta verde de fieltro, que llegaba hasta los tobillos. Unos zapatos sobrios, un crucifijo de oro y una biblia culminaban mi atuendo.
Mi pelo de naturaleza desordenaba estaba atado en un moño tenso en medio de la nuca.
Rodamos la escena, en la que yo acabé despelujada como siempre después de haber retozado con D, Juan contra los muros del palacio.
Y con aquella pinta atravesé todo Valladolid hasta mi casa ante el asombro de sus habitantes que no entendían si era o no real mi personaje. Había de todo entonces en aquella ciudad, supongo que lo sigue habiendo.
Yo hubiera preferido hacer el papel de Lolita, pero no me lo dieron porque era ya muy vieja, tenía 27 años.
Hasta lo que yo sé nunca se acabó aquel corto, pero todavía habrá fotogramas que atestigüen que lo intentamos, como tantas otras cosas.


3 comentarios:

  1. Hemos intentado muchas cosas, pero no todas han quedado en fotogramas, algunas han llegado a realizarse, y bien.,

    ¿A que sí?.

    Besos Á.

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  2. Quiero ver a la beata y a ese corto.

    Saludos.

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  3. Ya lo siento chicos, pero no tengo ni una foto de aquella aventura.

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