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domingo, 20 de marzo de 2011

Akiko

Hace como 20 años, ahí es nada, tuve la suerte de vivir compartiendo piso en mi época de estudiante.
Toda una aventura la de gestionarse la vida con dinero ajeno sin tener ni idea de casi nada.
Cuando llegué, no había lavado una braga en mi vida, ni sabía cocinar nada que no fueran filetes con patatas y huevos. La lavadora era todo un misterio y de la plancha no diré nada porque sigue siéndolo.
Como soy muy viva, me lancé a la aventura con una compañera educada a la vieja escuela, que hasta zurcir calcetines sabía con veinte años.
Alquilamos un piso de cuatro habitaciones para completarlo con otras dos compañeras.
Impresionante lo que pasó por allí.
Una funcionaria bulímica que pedía disculpas por vaciar la nevera y ocupaba el único baño a la hora punta de la mañana. Una estudiante de administrativo, que me saludaba sonriente en el portal mientras llevaba mi ropa puesta, cogida sin permiso del armario. Una francesa que dejaba chicles pegados por todos los sitios, preferentemente al lado del teléfono y comía salchichas de sobre directamente del frigo.
Una inglesa de Erasmus que acabó casándose con uno de mis mejores amigos a fuerza de venir a visitarme. Una madrileña estupenda que no sabía que lo era. Una profesora de ingles de Burgos.
Pero de lo más exótico que tuvimos en compañeras de piso fue sin duda Akiko.
Vivió un año con nosotras y nos dio una lección a todas.
Estudiaba un curso de pos-grado de arte, daba clases de artes marciales en un gimnasio, cocinaba algas con pescado que la mandaban por correo. Salía con su novio de Salamanca, leía libros sin descanso, aprendió español en un año, y hasta jerseys de punto hacía. Se levantaba la primera y acostaba la última, nunca discutió con nadie, su habitación era un ejemplo para las demás vagas con las que convivía. Jamás se tumbó en el sofá, y siempre estaba haciendo algo. No se implicó mucho en nuestras vidas pero fue siempre educada. No recuerdo que llegara más tarde las once de la noche ni un sólo día. No dejó nada pendiente cuando se marchó, y lo hizo sin hacer ruido. No he vuelto a saber de ella, pero supongo que así se triunfa; espero que tenga una casa con jardín y muchos pájaros, que era su  ilusión.
Y que pueda seguir teniéndolos muchos años.




5 comentarios:

  1. Veeenga, ya me animo yooooo.

    Solo espero que Akiko no este pasando por apuros, y este placidamente en su jardin con pajaros.

    Impresionante el comportamiento de esta gente. Cuanto deberiamos aprender!

    Salu2 JK

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  2. Están hechos de otra pasta, sin duda alguna...les admiro!!!!!!!!!

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  3. Pasé a echar un ratito entre tus cosas y a saludarte.

    Un abrazo!

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  4. Yo les admiro, pero no siento ninguna envidia. Son educados, trabajadores y respetuosos, en una proporción mayor que la nuestra. Pero con mi carácter allí, no sé. En cualquier caso espero que se arregle lo que queda del país, hay muchas vidas perdidas y eso no tiene arreglo.

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  5. Muy parecida a nosotras no era Akiko , verdad?, aunque ya me gustaría a mi que de vez en cuando algo de invisibilidad productiva se me pegara.

    Besotes. A.

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