- !Uy!, qué coña, otra vez llaman al timbre. - Siiiiii, ¿qué quieren? - !Ah!, que es arriba ahora. - Siempre lo mismo, soy la única que abre la puerta. - Vaya vecinos, qué asco de gente. - ¿Porqué me llama abajo si luego no contesta? - ¿No ve que estoy impedida?¿Porqué llama? - Es que tengo 90 años ¿sabe? Y no me encuentro muy bien. 90 años son muchos, ¿sabe usted, qué le parece? - Y claro estoy impedida. Vivo sola, y me cuesta bajar las escaleras. - Oiga, no se marche que estoy hablando yo. - Pero, ¿ya ha terminado? ¿qué rápido, no? - ¿Se marcha?. Pues no tengo un buen día, estoy, pues eso. Es que soy muy mayor. - No se ha oído contestar a nadie. - Me ha abierto el del tercero. - Siento haberla molestado, será un minuto. - Me parecen muchos, digo que me parecen muchos. - Señora, es que tengo prisa. - Buenas tardes. Para sus 90 años, su paso era airoso, su lengua rápida, y era poseedora de una mala leche digna de estudio. Yo el único impedimento que le encuentro es la falta de educac...