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miércoles, 18 de abril de 2012

Libros

Hace unos días me enteré de que un amigo de la juventud había escrito un libro, de poesía nada menos.
Cuando le conocí era un joven de mucho mundo interior, que todavía no había encontrado el Norte. 
Lo mismo quería ser historiador, que músico, que geólogo, que investigador. Yo aposté por él cuando ni él mismo lo hacía. Perdimos el contacto directo y en estos últimos quince años encontró su sitio en el mundo. Es un investigador, profesor de varias universidades y joven emprendedor. Profesionalmente la vida le ha sonreído. Vive bien, viaja mucho y debe de ser por lo menos bilingüe, (yo escribí en inglés su primera carta de presentación). Tiene innumerables publicaciones y libros científicos a su nombre, pero éste es su primer libro de literatura. No lo he leído y tengo cierta curiosidad, no sé si más literaria o morbosa.
Me pregunto si todavía le reconoceré cuando le lea.
Todo ésto me ha hecho pensar que cualquiera puede escribir un libro en la actualidad. Ya somos más escritores que lectores. Con los medios tecnológicos de que disponemos, yo misma podría publicar un libro, eligiendo los relatos que me parezcan más interesantes entre todos los que aquí hay; que aunque ya no escribo nada tengo ya una colección discreta. Yo pagaría la publicación, o más barato todavía, lo hago electrónico. Supongo que mis amigos y familiares, conocidos  y demás alguna comprarían por compromiso. Además viste mucho todavía en ciertos ambientes eso de decir que ha publicado uno. No iba a ser el primer caso ya, ni el segundo entre cierto circulo en el que solía moverme no hace mucho.
Todos los malos escritores escribimos sobre nuestras vidas con más o menos arte.
Pero escribir un libro de verdad es mucho más que eso. 
También he podido conocer a escritores de verdad desde estas páginas, algunos incluso me cedieron el honor de leer mis cosillas e incluso comentarlas. Nunca me sentí más halagada. Pero son ellos, los que de verdad escriben. Preparan sus historias, las documentan y trabajan de forma increíble para conseguir contarnos una historia que nada tiene que ver con sus vidas , y con tanto arte que resultan sorprendentes. Brindo por esos escritores reales, profesionales, de un mérito impresionante. Y brindo por esos conocidos que tienen no poca osadía y lo intentan; porque lo mismo alguno de ellos resulta que es de verdad un escritor.
Inquietud, la tenemos muchos; talento, no tantos. El tiempo nos irá contando.
Mucha suerte para todos ellos.

jueves, 12 de abril de 2012

Deprisa



No pocas veces me han sugerido que tiendo, por decirlo de forma educada, a correr mucho. Nadie que me conozca sabe que ese correr se refiera a mover las piernas de forma acompasada con mis brazos para recorrer una distancia en un corto periodo de tiempo. Yo correr no corro ni aunque pierda el autobús.
Es más bien una prisa vital la que tengo desde que soy consciente de mi existencia.
Siempre quise ser mayor y hacer muchas cosas, pero sobre todo quería ser la dueña de mis actos.
Si me gusta leer o ver películas además de por curiosidad, es porque vivo las historias como mías; y puedo vivir otras vida, otras historias en un espacio muy corto.
Si me va mal tengo prisa por pasar esa situación. Por acabar con el asunto que me hace sufrir. Si me va bien, tengo prisa por vivir, aferrarme y consolidar lo que me hace feliz.
Para contrarrestar esa prisa, disfruto de una memoria privilegiada. Olvido continuamente dónde dejé mi coche , o aquel papel que tanta falta me hace. Y casi siempre estoy buscando algo de gran importancia, carnés, llaves, citas de médico, unos billetes que reservé.
Pero recuerdo conversaciones, situaciones, paisajes, durante años.
He vivido de forma intensa  y lo que me pareció importante ha quedado guardado para siempre en mi memoria. No olvido a un amigo, o a alguien que en su momento me ayudó. Aparecen con frecuencia en mis conversaciones o en mis pensamientos.
Hace años decidí mi epitafio: vivió.
Mi única inquietud es, todo lo que vive deprisa, muere pronto. Y tengo tantas cosas que hacer...