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jueves, 27 de octubre de 2011

El tiempo es un descojono

Carmina Burana - 22. Tempus est iocundum

Tempus est iocundum,

o virgines,
modo congaudete
vos iuvenes.
Oh, oh, oh,
iam amore virginali
totus ardeo,
novus, novus amor
est, quo pereo.

Mea me confortat
Promissio,
mea me deportat
Oh, oh, oh,
totus floreo,
iam amore virginali
totus ardeo,
novus, novus amor
est, quo pereo.

Tempore brumali
vir patiens
animo vernali
lasciviens.
Oh, oh, oh,
totus floreo,
iam amore virginali
totus ardeo,
novus, novus amor
est, quo pereo.



Mea mecum ludit
virginitas,
mea me detrudit
simplicitas.
Oh, oh, oh,
totus floreo,
iam amore virginali
totus ardeo,
novus, novus amor
est, quo pereo.

Veni, domicella,
cum gaudio,
veni, veni, pulchra
iam pereo.
Oh, oh, oh,
totus floreo,
iam amore virginali
totus ardeo,
novus, novus amor
est, quo pereo.

22. Este es un tiempo alegre


Este es un tiempo alegre,
oh doncellas,
gozad ahora
muchachos.
Oh, oh, oh,
estoy rejuveneciendo.
Por el amor de una doncella,
me consumo totalmente;
un nuevo, un nuevo amor
es por lo que muero.

Me conformo
cuando prometo,
me deprimo, cuando rechazo.
Oh, oh, oh,
Estoy rejuveneciendo
por el amor de una doncella,
me consumo totalmente;
un nuevo, un nuevo amor
es por lo que muero.

En la temporada invernal
el hombre es paciente,
en las brisas primaverales
está anhelante.
Oh, oh, oh,
estoy rejuveneciendo
por el amor de una doncella,
me consumo totalmente;
un nuevo, un nuevo amor
es por lo que muero.

Juega con mi
virginidad,
estimula
mi simplicidad.
Oh, oh, oh,
estoy rejuveneciendo
por el amor de una doncella,
me consumo totalmente;
un nuevo, un nuevo amor
es por lo que muero.

Ven, mi señora,
con alegría
ven, ven, mi preciosa,
ahora que estoy muriendo.
Oh, oh, oh,
estoy rejuveneciendo
por el amor de una doncella,
me consumo totalmente;
un nuevo, un nuevo amor
es por lo que muero.


CARMINA BURANA



miércoles, 19 de octubre de 2011

De trato difícil

Somos los dos niños mal criados, consentidos y caprichosos. Fascinantes a primera vista y cansinos con el tiempo. Estamos condenados a bagar de casa en casa. No debieron sacarnos de nuestro hábitat inicial, pero lo hicieron y eso ya no tiene remedio. Ahora nos enfrentamos a encontrar nuestro sitio en el mundo, suponiendo que lo haya. Una nueva familia te pretende, pero no te conocen. Yo sí. Te recibirían con ilusión y con muchas esperanzas, pero tarde o temprano se darán cuenta de que poco hay que hacer con nosotros, estamos ya muy mayores para cambiar nuestras costumbres. La diferencia es que yo tengo capacidad de elección y ahora tengo que decidir por ti. Decidir si una nueva familia con más experiencia será lo mejor, quizá ellos puedan poner remedio a ese carácter tuyo tan fuerte.
Si así decido me quedaré con la amarga sensación de que tiré la toalla antes de tiempo, de haber tomado una decisión impopular y condenable. Pero con la esperanza de que más tiempo y dedicación puedan hacer de ti un individuo más tolerable y social. Te echaré de menos.
Si decido que sigamos juntos, puede que hayamos perdido la oportunidad de que tuvieras una nueva vida, mejor. Y seguiríamos compartiendo esta vida nuestra de locos que no sé siquiera si te gusta. Te echaré de más.
La decisión es mía, y no tengo ni idea de cómo acertar.




lunes, 3 de octubre de 2011

Yo soy rebelde

Yo soy rebelde porque el mundo me hizo así.
Acabo de celebrar con mis compañeros de clase del cole, nuestro encuentro anual.
No estábamos todos, faltaron muchas chicas y casi todos los chicos. Claro que dos no nos encontraron porque tuvimos que cambiar de restaurante, en el que reservamos se confundieron y apuntaron una mesa de Sonias, y al parecer eran dos. Cuando llegamos, las primeras Sonias cenaban tranquilamente, y nosotros, pues a improvisar a las once de la noche. ¿Dónde cenarían nuestros perdidos?
De los tres chicos que vinieron contamos dos, el tercero sólo estaba de cuerpo presente, eso sí, se le oyó.
Como de costumbre hablamos de nuestra infancia, de las anécdotas que recordamos, de los profesores y esas cosas.
Lo más sorprendente es que me hablo con casi todo el mundo de aquella época, vamos, que me hablan. No puedo entenderlo sin apoyarme en la sorprendente capacidad humana de perdón, y su bondad infinita.
A mis seis años era una auténtica capulla, y me dedicaba a martirizar a mis compañeros más débiles.
En la foto que adjunto, estoy tocando canciones de misa para redimir mis pecados.
Aunque bastante castigo tenía con la pinta que luzco. A mis admiradores decirles que he mejorado bastante.
Dios no sé si me perdonó, mis compañeros  parece que sí.