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jueves, 24 de marzo de 2011

Vacaciones



Hace tiempo que estaba pensando en tomarme unas vacaciones. Tenía algunos días libres y me lo merecía. Dinero lo que se dice dinero pues no tenía mucho, pero ilusión no me faltaba.
Un viajecito de autobús, una reserva en un albergue sólo alojamiento, la mochila, y un callejero. Ganas de conocer sitios y ganas de pasarlo bien. No necesitaba nada más.
Dispuesta estaba a disfrutar desde el principio. Diez horas de viaje nocturno no podrían con mi alegría o sí.
Espero nerviosa a que se siente el que será mi compañero de asiento. ¿Tendré suerte? Deseo que no diga nada de nada, que no se mueva, que sea invisible. O si no, que sea alguien estupendo y nos vamos de copas cuando lleguemos.
Faltaban cinco minutos para la salida y una chica algo mayor que yo se sienta a mi lado. Bueno, está limpia, y parece "normal". Hubiera preferido un tío bueno, pero así está bien. Saludo sin especial interés y comenzamos el viaje. La primera hora me la paso leyendo una revista del corazón, ya me la sé entera.
La chica que va a mi lado, no viaja sola; detrás de ella van dos niños de unos seis u ocho años. Se ha levantado como diez veces para atenderles. Se han pegado, llorado, reído y jugado hasta hartarse. Es la primera vez que van de vacaciones tan lejos en autobús. !Por Dios!, el trabajo que la dieron, menudo viaje. Por fin se durmieron y nos dejaron dormir al resto del autobús. Cómo se atreverán a viajar así con niños. La gente está loca.



 

domingo, 20 de marzo de 2011

Akiko

Hace como 20 años, ahí es nada, tuve la suerte de vivir compartiendo piso en mi época de estudiante.
Toda una aventura la de gestionarse la vida con dinero ajeno sin tener ni idea de casi nada.
Cuando llegué, no había lavado una braga en mi vida, ni sabía cocinar nada que no fueran filetes con patatas y huevos. La lavadora era todo un misterio y de la plancha no diré nada porque sigue siéndolo.
Como soy muy viva, me lancé a la aventura con una compañera educada a la vieja escuela, que hasta zurcir calcetines sabía con veinte años.
Alquilamos un piso de cuatro habitaciones para completarlo con otras dos compañeras.
Impresionante lo que pasó por allí.
Una funcionaria bulímica que pedía disculpas por vaciar la nevera y ocupaba el único baño a la hora punta de la mañana. Una estudiante de administrativo, que me saludaba sonriente en el portal mientras llevaba mi ropa puesta, cogida sin permiso del armario. Una francesa que dejaba chicles pegados por todos los sitios, preferentemente al lado del teléfono y comía salchichas de sobre directamente del frigo.
Una inglesa de Erasmus que acabó casándose con uno de mis mejores amigos a fuerza de venir a visitarme. Una madrileña estupenda que no sabía que lo era. Una profesora de ingles de Burgos.
Pero de lo más exótico que tuvimos en compañeras de piso fue sin duda Akiko.
Vivió un año con nosotras y nos dio una lección a todas.
Estudiaba un curso de pos-grado de arte, daba clases de artes marciales en un gimnasio, cocinaba algas con pescado que la mandaban por correo. Salía con su novio de Salamanca, leía libros sin descanso, aprendió español en un año, y hasta jerseys de punto hacía. Se levantaba la primera y acostaba la última, nunca discutió con nadie, su habitación era un ejemplo para las demás vagas con las que convivía. Jamás se tumbó en el sofá, y siempre estaba haciendo algo. No se implicó mucho en nuestras vidas pero fue siempre educada. No recuerdo que llegara más tarde las once de la noche ni un sólo día. No dejó nada pendiente cuando se marchó, y lo hizo sin hacer ruido. No he vuelto a saber de ella, pero supongo que así se triunfa; espero que tenga una casa con jardín y muchos pájaros, que era su  ilusión.
Y que pueda seguir teniéndolos muchos años.




jueves, 17 de marzo de 2011

No parece cuestión de sexos

Mi memoria para la retención de datos es más que mediocre, pero muy desarrollada para las tramas o los razonamientos lógicos.
Espero que alguien me ayude.
Recuerdo una película bastante antigua en la que un profesional de la radio tenía un seguidor de su mismo sexo. Y la polémica estaba servida, tenía que decantarse por una opción a favor de la homosexualidad o en su contra. Los redactores estaban muy preocupados porque cualquier respuesta les haría perder audiencia. Recuerdo vivamente la solución que aporta el presentador porque la asumí como opinión personal y me acompaña desde entonces.
El presentador en el momento álgido explicó ante su audiencia que creía que una persona no se enamora de un sexo, si no de otras personas.
Nos enamoramos de individuos concretos, de un sexo definido o no, y con una personalidad propia. Nada hay definitivo sobre el aspecto, el género, la edad, la religión  o la clase social.
Simplemente nos enamoramos.
¿Recuerda alguien esta película? Me gustaría poder volver a verla.




martes, 15 de marzo de 2011

Lunares

Miro con asombro de vez en cuando los puntos rojos que aparecen en el mapa de vistas en mi blog. Y todavía más el número. Aparecen continuamente nuevos lunares desde sitios dispares.
Como curiosa empedernida que soy y manifiesto en la presentación de mi perfil, no puedo evitar pensar cómo puede ser que haya alguien en una isla de África haya visitado de forma repetida este blog, y además desde lo que parece ser una base militar Europea. Me entretengo pensando que será algún soldado que se aburre lejos de su familia.
Cómo me ha encontrado alguien en Nueva York que insiste en leerme de forma asidua, o quién habrá perdido el tiempo en la India en mirar siquiera este blog. ¿Quién vivirá en Alemania en Betzdorf y qué pensará de lo que escribo?
Yo, que apenas he salido de esta ciudad pequeña y no escribo más que naderías.
A todos esos y a los que ni sospecho, que se molestan en leerme aunque no dicen nada, y a los que decís, muchas gracias por compartir una parte de lo que pasa por mi cabeza.

lunes, 7 de marzo de 2011

Escuece

Llego a casa y como siempre no hay nada en el frigo; así que pongo la calefacción, dejo las maletas, me armo de valor y decido salir a dar una vuelta de reconocimiento.
Como ya es tarde para salir de compras y tengo hambre, me propongo: ¿porqué no salir de pinchos y tomarme unas cañitas? Me encantan las rabas y los bares del pueblo tienen fama de saber cómo hacerlas.
Nunca salgo de noche sola, pero me digo que no tiene nada de especial, y que al fin y al cabo estamos en una sociedad avanzada, de mujeres emancipadas, con trabajo, dinero y tiempo, para gastar.
Después de ojear las opciones, elijo un bar de pinchos con bastante clientela, pero sin agobios.
Entro y examino a mis colegas clientes.
El borrachín del pueblo pidiendo un "sol y sombra" ante el asombro de un camarero sudamericano que desconoce la fórmula , unos señores de vinos, alguna pareja sentada en las mesas.
Ésto está chupado, me pido unas rabas y una caña, me siento en la mesa y ceno estupendamente.
Por fin un camarero de mediana edad me ve en la barra y se acerca para atenderme.
- Hola, buenas noches, una de rabas y una caña.
- Muy bien, las rabas para llevar, ¿verdad? Puede sentarse en una mesa si quiere mientras espera.
- Eh, sí gracias, para llevar.

viernes, 4 de marzo de 2011

Una beata

Hubo un tiempo en el que hacía cosas, tenía inquietudes y los que me rodeaban también.
Teníamos tiempo, todo el tiempo del mundo; y muchas ganas.
Tenía un amigo que llevaba tanto tiempo estudiando arquitectura que pensábamos que nunca acabaría de estudiar. Tampoco acertamos, hoy es un señor arquitecto a punto de tener su segundo hijo.
 Le dio la vena creativa una primavera y decidió que íbamos a hacer un corto. El protagonista, D. Juan, y yo una beata que sucumbiría a sus encantos.
Rodábamos en cine mudo, así que todo debía de ser muy explícito.
Cada uno preparaba su vestuario y maquillaje en su casa. El plano que me tocaba se rodaría en El Palacio de Santa Cruz, en el patio. Los ocres del claustro acompañaban a mi blusa de encaje y cuello alto, abotonada en la espalda, y a mi falda recta verde de fieltro, que llegaba hasta los tobillos. Unos zapatos sobrios, un crucifijo de oro y una biblia culminaban mi atuendo.
Mi pelo de naturaleza desordenaba estaba atado en un moño tenso en medio de la nuca.
Rodamos la escena, en la que yo acabé despelujada como siempre después de haber retozado con D, Juan contra los muros del palacio.
Y con aquella pinta atravesé todo Valladolid hasta mi casa ante el asombro de sus habitantes que no entendían si era o no real mi personaje. Había de todo entonces en aquella ciudad, supongo que lo sigue habiendo.
Yo hubiera preferido hacer el papel de Lolita, pero no me lo dieron porque era ya muy vieja, tenía 27 años.
Hasta lo que yo sé nunca se acabó aquel corto, pero todavía habrá fotogramas que atestigüen que lo intentamos, como tantas otras cosas.


miércoles, 2 de marzo de 2011

Martes

- Lo estoy pasando muy bien esta noche, pero creo que no debería de beber  más.
- Además es ya muy tarde y está lloviendo
- Tengo un poco de frío
 - ¿Qué vas a hacer, te quedas conmigo?
- Si quieres podemos ir a mi casa
- No creerás que no me he dado cuenta de que no has quitado la vista de mi escote
- Pero no me molesta, me gusta
- Anda, ven a mi casa
- Por cierto
- Ya puedes quitarte la máscara si estás incómodo
- Hace tiempo que sé quién eres
- Te reconocería entre un millón