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martes, 29 de junio de 2010

Frustración

miércoles 7 de octubre de 2009

Ni se sabe hace cuántos miles de años, las personas que pasamos por este mundo nos enfrentamos a la frustración.Todos desde que nacemos, o incluso antes, nos enfrentamos a situaciones que no responden a nuestras espectativas. Es algo inherente a nuestra forma de vida.No nos van bien una infinidad de cosas, la temperatura, la celeridad con que nos atienden, la sensación de hambre, la presencia de alguien que nos consuele...Y aquí estamos protestando por ello desde que somos capaces.Según vamos haciéndonos adultos, nuestras necesidades van cambiando de naturaleza. Está claro que todas no son igualmente vitales. Las referidas a cuestiones de las que depende la propia conservación de la vida mandan. Por suerte para los que estamos a este lado, en las mayoría de los casos son una sombra que nos persigue, pero que damos por cubierta. Tenemos cobijo, comida, un sistema sanitario más que aceptable que casi hace milagros...y aún así nos morimos, como debe ser. Así que como seres ociosos que somos nos preocupamos por otra serie de cuestiones que también nos son inherentes como especie. No nos gusta estar sólos, ni que nos lleven la contraria, ni que no nos tengan en cuenta, o que nos abandonen. Nos preocupamos por nuestra salud emocional.Nuestro mayor problema es que vivimos en una sociedad en el que la salud emocional parece más bien ser una cuestión externa que interna. Y ahí es donde empiezan nuestros problemas. Si la "felicidad" no proviene del interior, mal vamos. Basamos nuestra felicidad en lo que compramos, en lo que nos dan los demás, da igual que sean asuntos físicos o mentales. Invariablemente nos frustramos, porque siempre queremos más de lo que tenemos, o peor aún de lo que podemos obtener.A sobrevivir a las frustraciones se aprende desde el principio; lo importante que es escuchar un no desde el principio, educarse con cierta disciplina, o descubrir con horror que las mascotas se mueren. Este proceso de aprendizaje no termina nunca. Así que a trabajar tocan.

viernes, 18 de junio de 2010

Nada bien

Salgo a la calle y aunque el día es precioso, no me contagio de su alegría.
Voy caminando a mi trabajo, que es más que aceptable; relacionado con mi formación, bien remunerado, con un horario cómodo y en el que tengo cierto mando. Pero no me siento satisfecha con él, no celebro ese privilegio.
Mi hija es una adolescente magnífica, con una personalidad arrolladora, buena estudiante y promete ser una mujer atractiva y responsable.
Mi marido es un buen hombre y me quiere.
Mi casa, en un buen barrio residencial, es amplia y acogedora .
Mis amigas me aprecian, y quedamos de vez en cuando. Tengo una vida social satisfactoria e integrada.
Pues no me encuentro bien.
Estoy irritable, nerviosa, cansada, y no tengo idea de qué es lo que me pasa. Y no sé qué me exaspera más, si el hecho de no encontrarme bien o que nadie parezca entenderlo.

lunes, 14 de junio de 2010

El interruptor


Son las 8 de la mañana, es sábado. Acabo de terminar mi faena, todo el teatro está limpio. Los camerinos con sus baños, la entrada, el patio de butacas, el escenario, los baños comunes y pasillos. Siempre cuando termino me doy cuenta de lo grande que es este teatro vacío. Mis pasos resuenan por todo el recinto y redescubro que estoy sola.
En la calle todavía es noche cerrada.Me gusta este trabajo, sólo los artistas y yo conocemos los entresijos de bambalinas. Nunca seré la estrella pero comparto sus pasos.Voy de estancia en estancia con mis llaves y me siento parte de este tinglado.
Cuando era más joven soñé como todos ser protagonista, pero de eso hace ya mucho tiempo.Hoy sé a qué atenerme, soy la señora de la limpieza, y la paz que siento aquí con todas las luces dadas; sobre este suelo negro brillante, es para mí suficiente recompensa.
Nadie a quien dar conversación porque sí, ni jefes que me pidan explicaciones; sé lo que tengo que hacer y lo hago.
Cada mañana cuando termino recojo mis bártulos, y voy apagando las luces.Pero hoy ha pasado algo raro, antes de conectar el alarma he intentado apagar una de las luces y no he podido. El interruptor parece funcionar perfectamente. Pero uno de los focos del escenario no ha querido apagarse. Y ahí se ha quedado encendido, como si esperara a alguien que entrara en escena.
Estoy muy cansada y mi imaginación desvaría, seguro que es algún fallo eléctrico. Esta tarde alguien podrá apagarlo, supongo.

domingo, 6 de junio de 2010

Noche de estrellas


La noche es perfecta para ver el cielo.
La temperatura templada, no hay luna que oculte el brillo del resto de cuerpos celestes, y ni una sola nube.
A simple vista se observa que el cielo está lleno de puntos de luz, repartidos al azar, sin orden ninguno, como salpicado. Alguien se molestó hace mucho en intentar buscar una lógica a tanto desorden y se imaginaron figuras para recordar la posición de tantas estrellas y planetas, y poder orientarse.
Pero si miras sin saber lo que buscas no hay forma de encontrar nada. Cuando vas con guía la cosa cambia, de lo más fácil de encontrar a simple vista, Géminis.Si te asomas al telescopio y te indican dónde buscar, resulta que Saturno es tan redondo como en las fotos de los libros de texto, y que su anillo está ahí rodeado de lunas.
Chocante ver la velocidad que llevamos, en cuanto te descuidas se sale del encuadre.
Otra sorpresa, algunas estrellas no emiten luz blanca, tienen colores. Albireo es una pareja de estrellas una azul y la otra naranja. Mirarlas es todo deleite.
El reto de la noche, M-13, un cúmulo de estrellas. Las cantidades que lo describen son abrumadoras, por su magnitud, su número y por la distancia que nos separa de ellas; tantos ceros que mi cerebro no alcanza a asimilar. Pero están ahí, y pueden verse.
Mizar, la leyenda. Se dice que para reclutar centinelas los romanos ponían la prueba a los candidatos al puesto de que a simple vista descubrieran su secreto; no es una estrella si no dos. La más brillante y otra menos vistosa a su derecha en la parte superior.
La nebulosa del anillo, M-57,a 2300 años luz de nuestra Tierra pequeñita, como una rosquilla iluminada por una enana blanca en el centro. Desde el telescopio una fina capa grisácea, tan etérea como humo.
Como siempre, todo está ahí. Sólo hay que ponerse a buscar, y mirar eso sí, con otros ojos. Belleza en estado puro.

jueves, 3 de junio de 2010

Desde alta mar

jueves 3 de junio de 2010

"No quiero barca corazón barquero, quiero ir andando por la mar al puerto. Qué dulce el agua salada con su salitre hecho cielo. No quiero sandalias, no!. Quiero ir descalzo, barquero."
R. Alberti

Desde alta mar al puerto hay un largo camino. Pero no querré que nada anestesie mi viaje.
Que cada ola me dé en la cara; que cuando me acerque a la orilla las piedras del acantilado arañen mis pies y sentir los los guijarros de la orilla.
Que la sal y el sol curtan mi rostro.
Que cuando llegue al puerto las huellas de todo lo que haya sentido queden impresas.
Que se note que anduve el trayecto, y que mi imagen y mi alma lo muestren.
Y pueda recordar siempre lo que hice por voluntad propia para llegar a mi destino.

El niño perdido y hallado en el templo

lunes 31 de mayo de 2010

La estructura majestuosa del edificio no deja lugar a dudas. Mucho dinero, mucho arte y mucho trabajo.
Su única torre es más que suficiente para enmarcar un edificio grandioso, otra maravilla de nuestro pasado.
Lo sorprendente es que está rodeado de tanta belleza que cuesta abstraerse en el edificio. Una vez dentro arte y cultura en cada rincón, la pintura que atesora merece por sí misma la visita; la escultura, el tallado en madera, la forja, los trabajos en alabastro...
Pero mi debilidad como siempre, los órganos.
Uno inmenso, con la caja de piedra en perfecto estado de conservación y afinado para las fiestas. Otro con tubos que tienen salida a dos naves con sus obscenas trompetas de batalla colocadas en perpendicular al órgano, y un tercero impresionante. Pero como es habitual, inaccesibles. Tanta maravilla y tan lejos. Lo bonito, y casi imposible de los órganos es tocarlos con las manos. Ver los teclados desgastados y ajados por el uso y por los siglos. Pensar quién los fabricó, conocer su secreto, manejar sus registros, oírlos. El sonido que hace que tiemble el suelo, y nuestra alma.
Tiene la Catedral otros ocho órganos menores, algunos positivos, pequeños, de madera policromada o tallada. Al alcance de la mano, con sus contados registros de varillas, docena, quincena, lleno. Con teclados de dos octavas y sin pedalier, que invitan a sentarse a tocarlos.Y cuando más embelesado te encuentras admirando lo que es posible atesorar en un sólo edificio, algo interrumpe la magia.Por megafonía se escucha:
- Un niño de nombre Alberto se ha perdido de sus familiares. Les rogamos que pasen a recogerle en el crucero de la catedral.
Y allí estaba dando un discurso a los conserjes que le escuchaban embelesados por su locuacidad, con cuatro años.

Hormigas

viernes 28 de mayo de 2010

Me gustan las hormigas. Pero no las rojas, (que son muy agresivas), ni las grandes y gordas, (me dan un poco de asco), ni las que tienen alas, (son muy pesadas, casi como las moscas).Me gustan las hormigas negras y pequeñitas, de esas que hay a millones por el país, de las de toda la vida. Me gustan sus cuerpos de bolas negras con sus patitas y sus antenas, de potentes mandíbulas. Cuando las veo puedo pasar horas contemplando su actividad.Las exploradoras solitarias, recorriendo caminos y esquivando obstáculos guiándose por su instinto y su olfato, buscando tesoros que compartir con el resto del hormiguero.Las transportadoras sacrificadas, cargando con descomunales miguitas y hojas, frutas y semillas.Puedo pasar horas viendo cómo reconstruyen las entradas de sus hormigueros, y me resultan adorables los montoncitos de tierra que acumulan.Me llama la atención que estén programadas para trabajar para la comunidad y que sean tan eficaces en su trabajo.
No saben hacer otra cosa, pero lo que hacen, lo hacen magníficamente. Ya me gustaría a mí poder hacer algo de forma tan eficaz.

Fiestas

lunes 24 de mayo de 2010

Estoy en mi habitación con la ventana abierta de par en par. Es domingo y es tarde, pero por mi ventana entra un bullicio notable; risas de niños, música de charangas, un saxo tararea una alegre melodía, conversaciones en voz alta. Hace una noche templada, por fin. Apetece estar en la calle. Son las fiestas del pueblo y pese a la que está cayendo, la gente parece tener ganas de festejar. Yo estoy pacíficamente leyendo en mi cama, y es que aunque parezca mentira, hay veces en las que incluso yo no tengo ganas de jota. Si se piensa bien es raro que sólo por convenio tengamos que tener ganas todos a la vez de celebraciones, sin más motivo que una fecha en el calendario.

El árbol de pensar

viernes 21 de mayo de 2010

En medio de la ladera de una colina, a pocos metros de un pueblo, pero con bastante desnivel, hay un árbol tronchado. Lleva muerto muchísimos años. Es el único árbol, el resto del terreno está plagado de zarzas, bojes, y matojos de hierbas aromáticas, sobre todo tomillo y manzanilla.
En los meses de verano el sol achicharra esa cara del monte dejando en sombría frescura el otro lado del valle. Un riachuelo atraviesa la zona más baja de la hendidura partiendo el pequeño poblado que está allí instalado desde tiempos de los romanos, en dos mitades casi simétricas.El acceso al árbol es dificultoso por lo escarpado del terreno pero merece la pena arañarse las piernas y llenarse las manos de pinchos para llegar hasta él.
Si estás el tiempo suficiente descubres que no hay más sonidos que el de las chicharras y los grillos; y que puedes sin prisas escuchar tus pensamientos.He pasado allí sentada con las piernas colgando mirando el valle horas y horas bajo un sol que curtía la piel. En aquella posición, inmóvil, consumí gran parte de las tardes de verano de mi adolescencia, intentando comprender el mundo que me rodeaba y cual era mi posición en él.Llevo muchos años sin subir de nuevo, pero algo me hace sospechar que si este verano se decide por fin a llegar, volveré a sentarme en mi árbol de nuevo con las mismas preguntas.

Ajedrez

miércoles 12 de mayo de 2010

Aquí estoy en el tablero y, como se supone que esto es un juego de estrategia, voy a estudiar mis posiciones.
Soy una dama, y alguna de mis piezas ya ha desaparecido. No conozco a mi adversario, pero sospecho que es buen jugador. Parece que sabe lo que hace.
Tengo a mi rey que no conozco. Debe de andar lejos porque no le veo, pero sé que está porque aún continúa la partida; espero que sepa jugar y esté esperando a dar la cara.
Cerca de mí están mis alfiles, mis torres y uno de mis caballos; y todavía dispongo de algunos peones que están dispuestos a protegerme.
Disfruto de mucha capacidad de movimiento, y reconozco que es posible que en este momento de la partida esté aprovechándome de ello, espero no pagarlo caro.
Mis torres me son leales, pero están muy ocupadas, persiguiendo y librándose de los alfiles del contrincante, dependiendo de la jugada; no poder cambiar de color no les ayuda mucho.
Mis alfiles tratan de defenderme a su manera, haciendo diagonales a mi alrededor, y de momento funciona. Pero no me fío.
Mi caballo, al que acabo de conocer, anda loco haciendo curvas por el tablero; dicen que corre mucho y que además tiene buena puntería. Espero que sepa comportarse como corresponde a su rango.Tuve otro caballo hace tiempo, pero desapareció en una jugada, una pena, todavía recuerdo vívamente su presencia haciendo "eles" a mi alrededor.
Es posible que no valore como debiera a mis peones, pondré como disculpa que ando algo liada y que, por qué no decirlo, estoy buscando a mi rey; y eso me ocupa también una parte de mi tiempo.
Éstos son mis trebejos, y con ellos, espero ganar esta partida. Muy a pesar de mi adversario.

Palabras

sábado 8 de mayo de 2010

No te gusta que no hable. Me lo has dicho mil veces y ya lo sé, no tengo dudas. Por favor no vuelvas a repetírmelo.
Nunca he sido un gran conversador y lo sabías cuando me conociste. No tengo esa facilidad para comunicar mis pensamientos. Me esforcé, lo intenté por un tiempo pero me sentía incómodo. No soy así.
Cuando comenzamos a vernos me sentía embriagado y es cierto que disfrutaba de la palabra. Más tarde hablé contigo por necesidad, había tantas cosas que contarnos; pero no te diste cuenta de que ya no hablábamos de nosotros. Pasó el tiempo y también dejé de sentir la necesidad de hablar de los demás.
Luego simplemente no tenía nada que decir.Ahora, sí tengo mucho que contarte, pero no sé por dónde empezar.